En el País de las Maravillas, Alicia se topaba con botellitas. Algunas rotuladas "drink me", otras sin rotulo. Alicia concluyó una regla: beberlas -sin importar qué, lo que pasaba
siempre era interesante. Ese es el prinicipio que rige el freejazzeo -doctrina que dice que hay que tomar las cosas como los jazzistas toman la improvisación libre: avenirse a lo que viene y amoldarse, a ver hasta donde nos lleva. A eso me he dedicado los últimos 2 o 3 áños, bebiendo las botellitas que voy encontrando in omni ordo rei con la misma diligencia que Alicia. Ha sido interesante, y más que interesante, y a veces el mundo parece un sueño.
Nevertheless, sucede también que este es el imperativo que manda sobre los que consumen o han consumido narcóticos de forma continuada. Sucede, como con los narcóticos, que los efectos inmediatos son interesante, pero las consecuencias a largo plazo, esa escuela del rigor cuya sabiduría nos es impartida "too late" y con sangre, no son necesariamente tan atractivas. Voy debelando con el paso de estos años, que la entropía no me gusta, por mucho que me acomode, y que vagar por la vida sin otro plan que ver lo que las cosas me traen me esta cansando.
Sucede también que no importa cuanto freejazzeé, el alma va mutando y, tarde o temprano, quiéralo o no, llega el momento en que el laberinto de caras, circunstancias, sensaciones, dicha y amargura, desemboca en una encrucijada. Destino lo llaman algunos, y el nombre me parece adecuado. Sin embargo, como a las circunstancias no les importan los avatares de nuestras circunstancias personales y nuestra preparación o falta de preparación para abordarlas, el destino a veces llega simplemente para que todo salte por los aires -y, para hacer las cosas más difíciles, como un espejo -"mirror mirror on the wall, spare me the horror, por fabour".
He tratado de volver a freejazzear, pero me deja un sabor amargo. Todo moreteado aún, busco orden y busco simplicidad: eliminar la demasiada compleja trama de mobiles en mi vida, que de tanto incorporar y nunca integrar ni cerrar, es entropia y bilis y mirriadas de inconexiones y variables. La salud impone orden, y ordenar es aplicar la escoba a las circunstancias y la lima al alma: decir adiós a sueños, objetivos, objetos, circunstancias, costumbres, personas...
Para allá vamos. Wish me luck.